
Expertos analizan el impacto a largo plazo y el acceso a los medicamentos GLP-1
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-Editorial
El rápido crecimiento en el uso de medicamentos GLP-1, entre ellos Ozempic, Wegovy, Mounjaro y Zepbound, está transformando el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2, al tiempo que plantea nuevas preguntas sobre sus efectos a largo plazo, el acceso y la asequibilidad, señalaron expertos médicos durante una conferencia organizada por American Community Media.
De acuerdo con los organizadores, se estima que 29 millones de adultos en Estados Unidos utilizan actualmente un medicamento GLP-1, mientras que las recetas para niños y adolescentes han aumentado de manera significativa en los últimos años. Los investigadores afirman que estos medicamentos han transformado el tratamiento de la obesidad, pero también han generado interrogantes sobre cuánto tiempo deben permanecer los pacientes en tratamiento, qué sucede cuando dejan de tomar los medicamentos y si su uso prolongado podría afectar el desarrollo físico, la masa muscular o la salud ósea.
La Dra. Jena Shaw Tronieri, investigadora principal del Centro para los Trastornos del Peso y la Alimentación del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania, explicó que los medicamentos GLP-1 actúan de manera distinta a la dieta y el ejercicio por sí solos, al reducir las señales biológicas que impulsan el hambre y los antojos.
“Como psicóloga, parte de mi investigación se centra en comprender por qué estos medicamentos GLP-1 producen una mayor pérdida de peso en comparación con la dieta y el ejercicio por sí solos”, dijo Tronieri. “Ayudan a reducir el hambre y hacen que la comida resulte menos atractiva cuando una persona no tiene hambre física”.
Tronieri indicó que muchos pacientes describen experimentar menos “ruido alimentario”, un término utilizado para describir los pensamientos persistentes relacionados con la comida. Los pacientes suelen reportar que comen porciones más pequeñas de manera natural y consumen menos refrigerios sin tener que monitorear constantemente las calorías.
La investigadora destacó los resultados de un estudio clínico publicado recientemente en el que participaron personas que recibieron semaglutida, comercializada como Wegovy para el tratamiento de la obesidad y como Ozempic para la diabetes tipo 2, o un placebo, mientras también recibían asesoría mensual sobre cambios en el estilo de vida durante un periodo de 60 semanas.
Los investigadores encontraron que durante las primeras 20 semanas los participantes que recibieron semaglutida reportaron reducciones significativamente mayores en el hambre y en los pensamientos relacionados con la comida en comparación con quienes recibieron el placebo. Sin embargo, para las semanas 40 y 60, esas diferencias reportadas por los propios participantes prácticamente habían desaparecido, aunque quienes tomaban semaglutida continuaban consumiendo menos calorías que el grupo placebo.
Según Tronieri, los participantes tratados con semaglutida consumieron de forma constante entre 240 y 290 calorías menos durante las comidas monitoreadas y perdieron, en promedio, aproximadamente 34 libras después de 60 semanas, mientras que el grupo placebo experimentó una pérdida de peso más moderada.
Añadió que los resultados sugieren que el medicamento continúa ayudando a los pacientes a reducir la ingesta de alimentos incluso después de que la pérdida de peso disminuye y el hambre comienza a regresar.
Tronieri señaló que los medicamentos contra la obesidad generalmente están diseñados para utilizarse como tratamientos a largo plazo, de manera similar a otros medicamentos empleados para controlar enfermedades crónicas.
Datos obtenidos en la práctica clínica, explicó, muestran que entre la mitad y dos terceras partes de los pacientes suspenden los medicamentos GLP-1 durante el primer año, siendo la interrupción más frecuente entre quienes los utilizan para perder peso que entre quienes los toman para controlar la diabetes.
“Cuando los pacientes dejan de tomar el medicamento, normalmente recuperan alrededor de dos terceras partes del peso que habían perdido durante el primer año”, afirmó, al señalar que quienes continúan con el tratamiento generalmente mantienen la pérdida de peso durante varios años.
También señaló que los médicos pueden ayudar a los pacientes explicándoles que cierto aumento del hambre y una desaceleración en la pérdida de peso son esperados con el paso del tiempo y no necesariamente significan que el medicamento haya dejado de funcionar.
Durante la sesión de preguntas y respuestas, Tronieri respondió a inquietudes sobre los efectos secundarios después de que una participante describiera el caso de una amiga que experimentó problemas de salud mientras utilizaba Ozempic.
La especialista indicó que los síntomas gastrointestinales, como náuseas, vómito, estreñimiento y diarrea, siguen siendo los efectos secundarios más comunes, aunque los pacientes con diabetes también pueden presentar algunas complicaciones en la retina. Subrayó que la respuesta a estos medicamentos varía de una persona a otra y que las decisiones sobre el tratamiento deben basarse en las circunstancias médicas de cada paciente.
Al ser cuestionada sobre si personas sanas deberían utilizar medicamentos GLP-1 principalmente con fines estéticos para bajar de peso, Tronieri respondió que estos tratamientos están destinados a mejorar la salud y la calidad de vida de personas con obesidad o con riesgos de salud relacionados con ella.
“No hay nada de malo en tener un cuerpo de mayor tamaño, y el peso corporal por sí solo no es un indicador del estado de salud”, afirmó.
También señaló que los cambios en la alimentación generalmente producen una mayor pérdida de peso que el ejercicio por sí solo, aunque enfatizó que la actividad física regular sigue siendo fundamental para conservar la masa muscular y mejorar la salud en general.
La Dra. Fatima Cody Stanford, profesora asociada de Medicina y Pediatría en la Facultad de Medicina de Harvard, describió la obesidad como una enfermedad crónica influenciada por la biología, la genética, las hormonas, los factores ambientales y las condiciones sociales, más que por la fuerza de voluntad.
“La obesidad es una enfermedad de la regulación de la energía”, dijo Stanford. “No es una falta de fuerza de voluntad”.
Stanford señaló que múltiples factores, entre ellos la genética, el estrés crónico, la inseguridad alimentaria, las condiciones de los vecindarios, el acceso a la atención médica y las condiciones socioeconómicas, contribuyen al riesgo de desarrollar obesidad. Sostuvo que las desigualdades históricas han contribuido a las disparidades en las tasas de obesidad, particularmente entre las mujeres afroamericanas, debido a generaciones de desigualdad económica y en el acceso a la atención médica.
Stanford también habló sobre el Programa Federal Medicare GLP-1 Bridge, que comenzó el 1 de julio y busca mejorar el acceso a ciertos medicamentos GLP-1 para beneficiarios elegibles de Medicare cuyos planes de medicamentos recetados no ofrecen actualmente esa cobertura.
Bajo este programa, los pacientes elegibles generalmente deben cumplir con los requisitos del índice de masa corporal y obtener una autorización previa de sus médicos antes de recibir la cobertura. Stanford explicó que el programa reduce el costo mensual de los medicamentos para los pacientes que califican, pero advirtió que los requisitos administrativos y el acceso desigual a los proveedores de atención médica podrían seguir representando barreras para las comunidades con menos recursos.
También señaló que la participación de Medicaid en el programa varía de un estado a otro, lo que podría generar diferencias en el acceso dependiendo del lugar donde vivan los pacientes.


