
Regreso a Clases: Preparando el Camino hacia un Año Exitoso
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-Editorial
En California y Baja California, el regreso a clases marca nuevamente el inicio de un ritmo conocido: las aulas vuelven a llenarse, las mochilas pesan un poco más, los horarios cambian y los estudiantes comienzan a adaptarse a nuevos maestros, compañeros, materias y responsabilidades.
Para algunos niños, este momento representa una emocionante oportunidad para comenzar de nuevo. Para otros, puede traer ansiedad, incertidumbre o la sensación de que las vacaciones terminaron demasiado pronto. Ya sea que un estudiante esté entrando a la primaria, secundaria, preparatoria o universidad, el inicio de un nuevo ciclo escolar representa mucho más que un cambio de horario. Es una oportunidad para establecer hábitos, descubrir intereses, fortalecer la confianza y desarrollar habilidades que pueden influir en el rumbo de toda una vida.
La meta es encontrar el equilibrio.
Después de meses de horarios más relajados, más tiempo frente a las pantallas, viajes y días sin una estructura definida, las familias deben retomar gradualmente rutinas que incluyan suficiente descanso, alimentación saludable, tareas escolares, actividad física, responsabilidades en casa y tiempo de calidad en familia.
Para muchos padres, especialmente quienes llevan gran parte de las responsabilidades del hogar por sí mismos, esta transición puede resultar abrumadora. Sin embargo, los hijos también pueden convertirse en parte de la solución cuando aprenden que una familia funciona como un equipo.
Enseñarles a preparar su mochila, organizar su ropa, cumplir con sus tareas domésticas, administrar su tiempo y hacerse responsables de sus trabajos escolares no se trata solamente de facilitarles la vida a los padres. Se trata de enseñarles independencia.
La asistencia es la primera lección
Uno de los hábitos más importantes que una familia puede fomentar es, sencillamente, estar presente.
Los datos más recientes del Departamento de Educación de California muestran que la tasa estatal de ausentismo crónico disminuyó a 19.4% durante el ciclo escolar 2024–25, una mejora significativa respecto al máximo de 30% registrado en 2021–22. El ausentismo crónico se define como faltar al menos el 10% de los días escolares en los que un estudiante está inscrito. El promedio estatal también disminuyó a 12.8 días de ausencia.
Estas cifras son importantes porque cada día que un estudiante falta puede representar una oportunidad perdida para aprender, convivir, desarrollar relaciones y participar activamente en su comunidad escolar.
Para las familias de Imperial County, la asistencia debe verse no solamente como una estadística, sino como una inversión en el futuro de nuestros hijos. Los padres deben prestar atención no solo cuando las ausencias se convierten en un problema evidente, sino también cuando un niño comienza a decir: “No quiero ir a la escuela.”
En ocasiones, esa frase puede ser una señal de que existe un problema más profundo que necesita ser escuchado y atendido.
Hacer que aprender tenga sentido
Los niños nacen con curiosidad. El desafío está en proteger esa curiosidad a medida que aumentan las exigencias académicas.
Investigaciones del Institute of Education Sciences del Departamento de Educación de Estados Unidos han encontrado que las relaciones positivas y sólidas entre maestros y estudiantes están asociadas con una mayor conexión con la escuela, más motivación académica y mejores calificaciones.
Por eso, en casa podemos hacer preguntas diferentes.
En lugar de preguntar únicamente: “¿Ya hiciste la tarea?”, podemos preguntar:
¿Qué aprendiste hoy?
¿Qué fue lo que más te sorprendió?
¿Qué fue difícil?
¿Qué te gustaría aprender?
Estas preguntas ayudan a transmitir un mensaje poderoso: la educación no consiste únicamente en obtener buenas calificaciones. Se trata de descubrir.
Los estudiantes también necesitan sentir que pertenecen a su escuela. Una revisión de 82 estudios encontró que un mayor sentido de pertenencia escolar está relacionado positivamente con la motivación, la confianza en las propias capacidades y la participación académica. También se relacionó con menores niveles de ausentismo y abandono escolar.
Los padres pueden ayudar a fortalecer ese sentido de pertenencia alentando a sus hijos a encontrar algo que realmente disfruten: deportes, música, arte, robótica, teatro, gobierno estudiantil, servicio comunitario, clubes académicos o actividades culturales.
Cuando un estudiante encuentra algo que le apasiona, la escuela deja de ser solamente un lugar al que tiene que asistir y puede convertirse en una comunidad a la que siente que pertenece.
Enseñar resiliencia, no perfección
Uno de los errores más comunes que podemos cometer como adultos es enseñar a nuestros hijos que tener éxito significa nunca equivocarse.
Los niños necesitan entender que tener dificultades con las matemáticas no significa que sean “malos para las matemáticas”. Una calificación decepcionante no define su inteligencia. Perder una competencia no determina su potencial.
Hay que enseñarles a decir:
“Todavía no lo entiendo.”
Esa pequeña palabra —todavía— puede cambiar la manera en que un niño enfrenta un desafío.
La resiliencia se construye cuando los niños aprenden perseverancia, responsabilidad, paciencia y el valor de pedir ayuda. También necesitan entender que pedir ayuda no es una debilidad. Es una fortaleza.
Al mismo tiempo, ser resiliente no significa tener que enfrentar todo a solas. Los niños fuertes también saben cuándo buscar apoyo de sus padres, maestros, consejeros, entrenadores, familiares y otros adultos de confianza.
Los valores que importan mucho después del salón de clases
El éxito académico es importante, pero la educación debe producir mucho más que buenas calificaciones.
Enseñemos a nuestros hijos integridad, para que hagan lo correcto incluso cuando nadie los está observando.
Enseñémosles disciplina, para que comprendan que alcanzar una meta requiere constancia.
Enseñémosles responsabilidad, para que entiendan que sus decisiones tienen consecuencias y afectan a otras personas.
Enseñémosles empatía, para que el éxito nunca los haga indiferentes al sufrimiento de los demás.
Enseñémosles respeto, incluyendo el respeto hacia personas con diferentes culturas, idiomas, orígenes y perspectivas.
Enseñémosles gratitud, bondad, curiosidad, valentía, humildad y espíritu de servicio.
Y quizá lo más importante: enseñémosles que su educación no es solamente para ellos.
El mundo necesita personas educadas que puedan resolver problemas, crear empresas, descubrir tratamientos médicos, desarrollar tecnología y construir comunidades. Pero también necesita personas que se preocupen por sus vecinos, por sus comunidades y por las generaciones que vienen después.
Los datos del California School Dashboard de 2025 reportaron una tasa de graduación estatal de 87.5%, la más alta desde el lanzamiento del Dashboard en 2017. Sin embargo, solamente el 51.7% de los graduados fueron clasificados como preparados para la universidad y una carrera.
Estas cifras representan progreso, pero también nos recuerdan algo importante: graduarse no es la meta final. Es el comienzo de lo que viene después.
Los padres no tienen que hacerlo todo
Un año escolar exitoso no requiere padres perfectos, horarios perfectos ni estudiantes perfectos.
Requiere constancia.
Establezca horarios razonables para dormir y utilizar dispositivos electrónicos. Cree, cuando sea posible, un espacio tranquilo para estudiar. Mantenga comunicación con los maestros. Observe cambios en el comportamiento de sus hijos. Celebre el esfuerzo, no solamente los resultados.
Lean juntos cuando sea posible. Escuchen sus preguntas. Permítales resolver problemas apropiados para su edad en lugar de solucionar inmediatamente todo por ellos.
Y no olvidemos algo esencial: proteger el tiempo en familia.
Un niño que sabe que su hogar es un lugar donde es amado, escuchado y apoyado tiene una base importante desde la cual puede enfrentar los desafíos de la escuela y de la vida.
Para las familias de Imperial County, este nuevo ciclo escolar puede ser una oportunidad para mirar más allá de las calificaciones, los exámenes y los requisitos de graduación.
Podemos hacernos una pregunta mucho más importante:
¿Qué clase de ser humano estamos ayudando a formar?
El mejor resultado de la educación no debería ser solamente una carrera exitosa. Debería ser una persona que sepa pensar, aprender, superar la adversidad y utilizar sus conocimientos con compasión.
Porque, al final, la educación no consiste únicamente en preparar a nuestros hijos para ganarse la vida.
Consiste en prepararlos para construir una vida con propósito y hacer del mundo un lugar un poco mejor porque estuvieron en él.
Este año escolar, démosles a nuestros hijos mucho más que útiles, horarios y tareas.
Démosles confianza.
Démosles responsabilidad.
Démosles curiosidad.
Démosles resiliencia.
Y, sobre todo, démosles los valores que permanecerán con ellos mucho después de que suene la última campana escolar.


