
El Concejo Municipal de Calexico en un Familiar Estado de Caos
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-Editorial
La política en Calexico ha sido descrita durante mucho tiempo como “complicada”. Esa podría ser la versión diplomática. El actual Concejo Municipal, sin embargo, ha elevado la disfunción a algo más cercano a una puesta en escena. Las reuniones son tensas, las alianzas rígidas y el consenso parece un vestigio de una era olvidada.
El concejo está ahora firmemente dividido en dos bandos. Por un lado: Team Calexico, integrado por las concejales Lisa Tylenda y Diana Nuricumbo. Por el otro: el alcalde Víctor Legaspi, la concejal Adriana Márquez y el alcalde pro tempore Lorenzo Calderón. La división es tan profunda que el intercambio de tarjetas navideñas entre estas facciones parece poco probable en el futuro cercano — a menos que estén marcadas como “Remitente desconocido”.
La disfunción no termina en el Ayuntamiento. Se ha trasladado a las redes sociales, donde comentarios, podcasts y páginas anónimas amplifican cada desacuerdo. Team Calexico opera un podcast semanal donde se analizan y desmenuzan decisiones y acciones del concejo. Mientras tanto, los simpatizantes del bando opuesto responden en línea con igual intensidad. Lo que antes era un debate en el estrado se ha convertido en un estira y afloja digital.
Las tensiones se intensificaron cuando el alcalde Legaspi asumió el cargo y nombró a Lorenzo Calderón como alcalde pro tempore en lugar de Tylenda — a pesar de que ella obtuvo una votación significativa en la última elección. Esa decisión desató oleadas de críticas y profundizó las sospechas sobre alianzas políticas. En Calexico, el llamado “sistema de compas” — lealtad por encima de la lógica — continúa moldeando percepciones, de manera justa o no.
Y entonces llegó el video viral.
La concejal Adriana Márquez fue grabada solicitando permiso para meterse en la fila de Calexico para cruzar a Mexicali por lo que describió como una emergencia dental. Cualquiera que haya esperado en esa línea — que en ocasiones supera las dos horas — entiende la frustración. Los residentes equilibran horarios laborales, recogidas de la escuela y obligaciones familiares. Las reglas aplican para todos. O al menos eso pensaban.
Márquez declaró después que la situación era urgente y que no fue grosera con el oficial. Pero la percepción importa en la función pública. La imagen de una funcionaria electa intentando evitar una fila que ciudadanos comunes soportan pacientemente no cayó bien para muchos residentes. Surgió una pregunta simple: ¿En qué momento el servicio público comenzó a parecer trato preferencial?
Quizá el aspecto más llamativo de este episodio no sea la fila en sí, sino la transformación que simboliza. Adriana Márquez fue conocida en su momento como una educadora humilde — accesible, centrada, una maestra al servicio de su comunidad. Sin embargo, en algún punto entre el salón de clases y el estrado del concejo, algo parece haber cambiado. Un asiento en el Concejo Municipal de Calexico — en el Condado Imperial, nada menos — es una responsabilidad honorable. No es una coronación. No viene con corona, caravana oficial ni inmunidad diplomática en la frontera.
Aun así, observadores en todo el condado han notado una nueva presencia: Márquez cada vez más vista en los eventos más influyentes y exclusivos, proyectando una actitud que críticos describen como distante, incluso arrogante. Los servidores públicos están llamados a servir, no a ascender. El liderazgo se mide por la humildad, no por la exclusividad.
La reacción en línea ha sido intensa. Páginas como “Rants and Raves of Imperial Valley” han reavivado el patrón conocido de ataques anónimos y confrontaciones políticas. Residentes de toda la vida recordarán un clima similar hace una década, cuando la “Calexico Blue Flame Society” señalaba y atacaba a funcionarios con los que discrepaba. Nombres distintos, mismo libreto.
Ha pasado más de un año desde la revocación de mandato de Raúl Ureña y Gilberto Manzanares, y sin embargo la unidad sigue siendo esquiva. Los rostros cambian. El drama no.
Mientras tanto, los problemas reales persisten. Calexico continúa enfrentando brechas en la creación de empleos, parques subdesarrollados, servicios municipales desiguales y un corredor del centro que requiere inversión sostenida. Estos desafíos exigen colaboración, no bandos. Estrategia, no espectáculo.
El alcalde Legaspi enfrenta la difícil tarea de tender puentes en un concejo que parece cómodo en el conflicto. Trabajar de cerca con la administración municipal es solo parte de la ecuación; la cooperación de todo el concejo es esencial si se pretende lograr avances tangibles.
Por su parte, los votantes de Calexico han demostrado un apetito recurrente por el “cambio”. Nuevos candidatos prometen transparencia, unidad y reforma. Sin embargo, con demasiada frecuencia, el cambio resulta cosmético. Los presupuestos se expanden. Las promesas se contraen. Las frustraciones crecen. La pregunta persiste: ¿están los votantes realmente elevando el liderazgo, o simplemente rotando personalidades mientras la cultura subyacente permanece intacta?
Se aproximan apuestas altas. Dos asientos del concejo estarán en juego en noviembre. Ya sea que los actuales integrantes busquen la reelección o surjan nuevos contendientes, es probable que las tensiones se intensifiquen. La temporada electoral en Calexico rara vez enfría los ánimos; más bien tiende a encenderlos.
Mientras los podcasts continúan, las disputas en redes sociales se prolongan y los momentos virales eclipsan las discusiones de política pública, el teatro político de la ciudad no muestra señales de bajar el telón.
En Calexico, el caos no es una interrupción. Es tradición.
Y, al parecer, también es el negocio de siempre.


