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Los Juegos Olímpicos 2020 (que no fueron)

Por: Mario Beltrán Mainero

Cónsul para Asuntos Comunitarios y Políticos en el Consulado de México en Caléxico

En el libro “21 Lecciones para el Siglo XXI”, Yuval Noah Harari, el historiador-filósofo más famoso de la actualidad, habla del monumental logro civilizacional que son los Juegos Olímpicos. Razón no le hace falta.

Aunque los Juegos Olímpicos están inspirados en las Olimpiadas de la Antigüedad –competiciones atléticas organizadas por ciudades-estado griegas entre el siglo VIII a. C. y el IV d. C.– la primera edición moderna de los Juegos tuvo lugar en Atenas hasta el año 1896. Desde entonces, las Olimpiadas se han realizado cada cuatro años en distintas ciudades del mundo, con la excepción de las ediciones de 1916 –a consecuencia de la Primera Guerra Mundial– y 1940 y 1944 –durante la Segunda Guerra Mundial.

Podemos identificar en el relato de Harari dos elementos necesarios para la organización de unos Juegos Olímpicos como los conocemos hoy en día. El primero es la existencia del Estado Nacional como la unidad política global. En el pasado no tan lejano, el mundo se dividía en reinos, imperios, confederaciones tribales y grupos aislados de cazadores-recolectores, todos ellos muy diferentes entre sí. Hubiera sido imposible realizar unas Olimpiadas que incluyeran toda la geografía terrestre, ya que probablemente el imperio chino, creado bajo “mandato divino”, no hubiera aceptado rebajarse al nivel de los mortales griegos, con sus “mediocres” democracias.

La primacía del Estado –la cual se consolidó en Europa a partir de la Paz de Westfalia en 1648 y en el resto del mundo durante los siguientes dos siglos– implica que hoy en día dominen las unidades políticas bien definidas y, según la Carta de las Naciones Unidas, igualmente soberanas. Himnos de tres minutos y banderas rectangulares para todos –con la muy digna singularidad de Nepal, cuyo estandarte rompe los moldes.

En segundo lugar, y como lo demuestran las excepciones durante las guerras mundiales, los Juegos Olímpicos requieren que la paz impere en el mundo. Impensable que los mongoles participaran en unas competencias amigables con los europeos en el siglo XIII. O que los musulmanes aceptaran una invitación para practicar esgrima con los cristianos durante las Cruzadas. En los últimos setenta años ha habido boicots entre naciones rivales (Estados Unidos no fue a Moscú en 1980, y la Unión Soviética no participó en los Ángeles 1984) pero los Juegos Olímpicos se han llevado a cabo, ininterrumpidamente, cada cuatro veranos.

Adicionalmente a estos dos elementos esenciales –el Estado Nacional y la paz mundial– las complejidades derivadas de transportar a los jugadores aztecas de pelota al torneo organizado por los maoríes (primeros habitantes de Nueva Zelandia) hubieran sido insuperables. En cualquier caso, la invitación nunca hubiera llegado a Tenochtitlán porque estas civilizaciones no se conocían entre sí. La tecnología y la globalización serían el tercer y cuarto componente necesario para unos Juegos Olímpicos completamente incluyentes.

Harari, al final de su relato sobre las Olimpiadas, nos dice: “entonces, cuando veas los Juegos de Tokio en 2020, recuerda que esta competencia deportiva entre naciones representa un impresionante acuerdo global”. ¿Pues qué crees, Harari? No tuvimos Tokio 2020.

Un microorganismo puso de cabeza al mundo. Algunos sistemas de salud han llegado al borde del colapso y la economía mundial está en completa crisis. Cientos de millones de personas han perdido sus trabajos y la pobreza aumentará en el futuro cercano. Los conciertos multitudinarios están cancelados y los deportes se están jugando sin público en los estadios.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 fueron una víctima más del Covid-19. Hubiera sido una gran irresponsabilidad obligar a los atletas a viajar por avión y a estar un mes encerrados en instalaciones repletas de gente (villas olímpicas). Además, sin público, se hubiera perdido el alma del evento.

Resulta que, además de uniformidad política, paz, medios de transporte y reconocimiento mutuo, las Olimpiadas –de organización cada vez más compleja y espectacular– requieren un mundo sin pandemia. Tokio 2020 (cuyo logo era una obra de arte) se realizará, esperemos, en 2021.

Los Juegos Olímpicos son una maravillosa puesta en escena no sólo de capacidad atlética, valentía, técnica y esfuerzo. También son una muestra de hasta dónde puede llegar la fraternidad humana cuando nos lo proponemos, ya que requieren que personas de diferentes culturas, religiones y sistemas políticos se unan –bajo la bandera de sus distintos países– en un mes de sana y divertida competencia.

Cuando veas los Juegos de Tokio 2021…

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