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La visión humana sobre el medio ambiente

Por: Mario Beltrán Mainero

Cónsul para Asuntos Comunitarios y Políticos en el Consulado de México en Caléxico

Por miles de años la mayoría de las civilizaciones alrededor del mundo, y particularmente aquellas de origen occidental (europeo), tenían la certeza de que el ser humano era el dueño absoluto de su entorno.

La ideología judeocristiana, completamente dominante en Europa desde principios de la Edad Media y posteriormente en América, coloca al humano como el centro de la creación, al cual se le encarga todo lo que hay sobre la Tierra: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28).

Esta visión de dominio sobre el medio ambiente fue fortaleciéndose a través de la historia. Primero se dio con el desarrollo de la agricultura y la ganadería, que permitieron al hombre controlar el destino de las plantas y los animales, volverse sedentario y expandir poco a poco la población. Después se potencializó con sistemas económicos que privilegiaron la producción y el consumo: el mercantilismo, inicialmente, y después el capitalismo y el libre mercado.

Antes del siglo XIX no existía en la cultura occidental preocupación alguna sobre las consecuencias negativas que el ser humano podía generar en los ecosistemas, particularmente a través de la reducción de especies o la sobreproducción de otras (para fines ganaderos). Por supuesto que tampoco se concebía, una vez que nació la actividad industrial, la posibilidad de alterar el clima­­ a través de la emisión de gases de desecho.

Alexander Von Humbolt, un explorador y naturista alemán, fue uno de los primeros en hacer sonar la alarma alrededor del año 1800 al hablar sobre los posibles desbalances ecológicos derivados de las acciones humanas. También por esas fechas el economista inglés Thomas Malthus empezó a inquietarse por el crecimiento poblacional y el uso desmedido de los recursos naturales. Pero sus advertencias fueron desestimadas durante las siguientes décadas.

Realmente fue hasta el descubrimiento, en 1985, del daño que ciertos componentes químicos emitidos por actividad humana estaban causando en la capa de ozono, que millones de personas y, sobre todo, los gobiernos, empezaron a poner atención en la problemática del medio ambiente.

En 1992 el escritor estadounidense Daniel Quinn publicó Ishmael, una famosa novela antropológica-filosófica en la cual, de manera muy amena, un gorila muy inteligente le hace ver a un humano cómo el mito de que “el hombre es el centro del universo” ha sido devastador para la naturaleza y, en un futuro cercano, lo sería para el mismo ser humano. Quinn ayudó a cambiar nuestra visión antropocentrista del universo. Por otro lado, ante las incipientes investigaciones científicas sobre el calentamiento global, en ese mismo año se llevó a cabo la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, en la cual los países ya comienzan a darle la importancia debida al desarrollo sustentable y al reto del cambio climático.

Después de siglos y siglos de creer que podíamos utilizar al planeta y a sus habitantes no humanos sin control alguno, los ciudadanos del mundo empezamos a crear consciencia ambiental. Hoy en día sólo un número muy reducido de personas de pensamiento conservador siguen creyendo que podemos actuar como dueños absolutos de la Tierra sin consecuencias nefastas para nuestra especie. La mayoría de los gobiernos—con sus tristes excepciones—le están dando prioridad al desarrollo sustentable. Hasta las grandes petroleras, ante la presión global pero también viendo por sus intereses económicos, están invirtiendo en energía verde.

Los catastróficos incendios y huracanes de los cuales hemos sido testigos durante los últimos meses nos recuerdan que nuestra visión sobre el medio ambiente tiene que seguir progresando. Se tiene que parecer cada vez más, como señala Quinn en su libro, a la que tenían algunas civilizaciones indígenas antes de ser desplazadas o destruidas por los colonizadores. Una visión que no confronte al ser humano con la naturaleza, con el objetivo de subyugarla, sino que aliente la armonía ecológica y el respeto por las demás especies.

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